Incendios en la Patagonia: siempre que llovió paró, y es mala noticia

Del editor

El fuego arrasador en la zona del Hoyo, en Chubut, la provincia más afectada este año por los incendios. Foto Euge Neme

El contraste fue tan evidente como incómodo. Mientras el fuego arrasaba miles de hectáreas en la Patagonia, el presidente Javier Milei montaba su show cantando junto a Fátima Flórez en un escenario de Mar del Plata.

La secuencia no fue inocente ni pasó inadvertida en la Casa Rosada, aunque nadie lo admita. En política, las imágenes también gobiernan y, muchas veces, obligan a reaccionar.

Las decisiones oficiales que siguieron no parecen casuales. El Gobierno resolvió este jueves declarar la Emergencia Ígnea por decreto, luego de resistirse al pedido de los gobernadores de las provincias afectadas de incluir el tema en las sesiones extraordinarias. La medida habilita cambios presupuestarios y refuerzos de partidas para combatir el fuego. Se anunció este jueves, pero la decisión ya estaba tomada desde el miércoles, cuando se evaluó el impacto del video que comparaba brigadistas exhaustos con un presidente de gira por La Feliz.

En paralelo, se oficializó la transferencia de $ 100.000 millones a los Bomberos Voluntarios de Neuquén, Chubut y Río Negro, responsables de intervenir cuando las llamas alcanzan viviendas y zonas urbanas. En los bosques, en cambio, actúan los brigadistas del Plan Nacional de Manejo del Fuego, un sistema clave que suele quedar atrapado entre recortes presupuestarios, discusiones políticas y acusaciones cruzadas.

Los incendios del sur entraron de lleno en la agenda del Gobierno, aunque acompañados por otro fenómeno recurrente: la búsqueda de culpables inmediatos. Las teorías conspirativas avanzan con la misma velocidad que el fuego. Turistas extranjeros, comunidades mapuches o supuestos intereses inmobiliarios aparecen una y otra vez en escena. Hubo detenidos en el pasado, pero todos fueron sobreseídos. El fuego real convive con el fuego discursivo.

Se habla de quemas intencionales ligadas a negocios privados, aun cuando gran parte de las zonas afectadas son parques nacionales donde está prohibido construir. También se insiste con el desfinanciamiento del combate del fuego, pese a que el Estado sostiene helicópteros y un avión hidrante con capacidad para transportar 15 mil litros de agua o retardante, que este año operó por primera vez en Chubut. La grieta también se propaga entre las cenizas.

Los datos, sin embargo, son contundentes. Solo en Chubut ya se quemaron unas 45 mil hectáreas en lo que va del año, un tercio de las casi 150 mil arrasadas en la última década. En total, la superficie afectada equivale a diez veces la Ciudad de Buenos Aires, una dimensión difícil de asimilar.

Nada de esto fue imprevisible. En 2025, la Patagonia atravesó el invierno más seco de los últimos 14 años. Hubo alertas tempranas: en noviembre un ejercicio militar provocó un incendio en Esquel y en diciembre una chispa de una amoladora desató otro en pleno centro de Bariloche. Se restringió el uso del fuego a zonas habilitadas cuando por ahí hay que prohibirlo directamente.

Porque cuando el fuego se propaga, las respuestas siempre llegan tarde. Ni los decretos, ni la emergencia, ni la búsqueda de responsables alcanzan para revertir un escenario que se repite año tras año. Queda combatirlo y pedirle ayuda al clima. Y así como cenizas quedan, siempre que llovió paró. Y es mala noticia.